Pesca y Devolución

La captura y devolución surgió como una necesidad de preservar las poblaciones ícticas en áreas con una elevada presión de pesca. A poco de su implementación (principios del siglo XX) quedó en claro que se trataba de una medida de protección excelente para el manejo de salmónidos silvestres.

Gran fontinalis del lago Nahuel Huapi
Gran fontinalis del lago Nahuel Huapi

Las astronómicas cifras de dinero que mueve la pesca deportiva sirvieron de trampolín a un sinnúmero de estudios científicos, muchos de ellos relacionados con la implementación del “catch and release” para cada ambiente y especie. Si bien las conclusiones cambian con los métodos y el criterio utilizado, los resultados no marcan grandes diferencias.

A continuación, una síntesis sobre mortalidad diferida por captura y liberación en salmónidos:

  • Con carnada natural (orientativo por estar permitido en otros países): el valor mínimo es de 3,3%, el máximo de 61,5% y la media de 26,6% (una cifra tan elevada corresponde a la tendencia que tienen las truchas de tragar profundo los cebos naturales).
  • Con spinning (señuelos y cucharas): mínimo de 1,8%, máximo de 33,3% y media de 5,3 %.
  • Con mosca: mínimo de 0%, máximo de 11,3% y media de 3,7%.

Mas allá de la conclusión científica, el “catch and release” posee un trasfondo filosófico de gran importancia. El hecho de devolver un pez a las aguas tras la captura, es la cereza de la torta en el ritual completo de la captura. Si lo que nos queda del trofeo es el recuerdo, este es infinitamente más hermoso si el ejemplar regresó a las aguas para continuar su vida.

Trucha marrón lago Fonck Grande
Trucha marrón lago Fonck Grande

Pero no todos los pescadores opinan y practican lo mismo. Ponerse en la tesitura de un conservacionista inflexible es tomar el toro por el lado equivocado. Existen muchos pescadores serios y comprometidos con la preservación ambiental, que cada tanto se reservan un pez para la mesa. Esta moción es respetable siempre y cuando:

  1. Se realice según la reglamentación vigente.
  2. Se tenga en cuenta un punto muy importante que aún no está reflejado en forma fiel en muchos reglamentos: que el pescador que mata sus mejores capturas resulta una aberración de la naturaleza conocida como “depredador inverso”. Mientras la mayoría de los carnívoros (lobos o leones, por ejemplo) cazan presas jóvenes o enfermas permitiendo que la evolución prosiga con los adultos más aptos, la perversión cultural de sacrificar las mejores piezas ocasiona un progresivo empobrecimiento y enanización de las poblaciones. Aunque parezca increíble esto sucedió por décadas, amparado en viejas reglamentaciones “de escritorio” que permitieron incensateces que poco tienen que envidiar al furtivismo y la sobrepesca. Una medida de manejo tan obtusa como, citando ejemplos veterinarios, comernos al asador al gran campeón de la Rural y dejar que en toro más ranfañozo del corral perpetue su genética con nuestro plantel de vacas. Un pez grande no necesariamente es viejo, puede ser uno joven de excelente genotipo. Y uno pequeño, un pez viejo de escaso crecimiento.

Cerrando el concepto, si decidió comerse una trucha en un lugar permitido, no mate el mejor ejemplar del día, sino uno que responda al promedio de ese ambiente (normalmente entre 35 y no más de 50 cm). Una trucha trofeo es una joya demasiado preciosa, de un valor genético y deportivo mucho más importante que el culinario.

De esta manera, devolviendo los peces más grandes, tenderíamos a una enorme mejora en la calidad de pesca del futuro.