14/12/2015

La Cuarta Boca: 60 Años de Historia en el Río Corcovado, Parte IV

Según Paulino la construcción del actual puente carretero sobre el río Corcovado fue el mayor crimen ecológico acontecido en la zona. Y la muy negativa alteración de un "pesquero muy lindo", considerado unánimemente como el mejor para truchas arco iris de la provincia de Chubut, y tal vez de la Patagonia.

Cabañas de Paulino Arias

El puente viejo anterior, hoy en ruinas, pasaba unos 500 m más abajo entre los pozos conocidos como el Ocho, y Agua y Energía. A inicios de la década del 80´, un técnico de apellido Cuchallo estuvo por la zona varios meses realizando un estudio de impacto ambiental, y determinó que el sitio más apto para su construcción se situaba entre los pozos del Melenudo y la Isla, sin interferir con la boca. En su preocupación Paulino colaboró y se informó mucho, interesándose en sobremanera por ello.

Sin embargo, cuando empezaron las obras en el año 1983 con la llegada de la democracia, durante la gobernación de Atilio Viglione, Vialidad Provincial de una forma completamente arbitraria decidió realizarlo prácticamente sobre la boca misma, seguramente impulsada por motivos paisajísticos. Su inauguración, con muchas idas y vueltas, se realizó tres años más tarde en 1986. Durante ese tiempo los operarios mataron truchas a mansalva, a toda hora, durante todo el año y con todos los métodos imaginables.

Antes de ser tocada por el hombre, la boca del Corcovado era un embudo rápido, angosto y profundo, incluso peligroso de vadear. Paulino recuerda el rescate de un pescador, particularmente dramático, usando una soga larga. La corriente se recostada sobre la orilla norte, a la inversa de la actualidad donde lo hace sobre la margen sur. Justamente esta morfología resultaba el principal impedimento, ya que la poderosa corriente impedía la construcción del pilote central del puente.

Campamento bajo el Puente de la Boca del Corcovado

Entonces usando las “malditas jirafas”, como Paulino llamaba a las palas mecánicas, se movieron piedras y alteraron las costas, para transformar la boca en un embudo amplio, bajo y lento. Así, al disminuir la fuerza de la corriente, fue posible construir el bendito pilote central. La boca, tal cual la vemos en la actualidad, parejita y con sus enormes piedras apiladas sobre ambas márgenes como naranjas,… es obra del hombre. De hecho Paulino cuenta que con esta maniobra el nivel del lago descendió más de un metro, tomando como referencia la línea de los ñires que rodean la boca. Como ejemplo, de no haberse tocado la boca, la piedra donde se ubica la placa de Germán Finara estaría sobre el agua.

Antes del puente, en la boca del Corcovado “se agarraban barracos toda la temporada a cualquier hora”. Adoptada su nueva conformación, solo permite capturas a principio y final de temporada, durante los meses de noviembre y abril, pescando casi exclusivamente a primera y última hora del día. Un daño innecesario e irreparable, que hoy sufren todos los pescadores.

Refugios de Paulino

Paulino y Matarazzo con una gran arco iris

En su amor por la zona y emulando a Laurin, Paulino pensó en construir sus propios refugios, muy cerca de la boca del Corcovado sobre su orilla sur, a los que llamó primero “El Abrojito” y luego “El Madrugón”. Todo surgió durante un asado sobre una gran piedra a la altura del Pozo El Melenudo, junto a Idrig Williams y el viejo Rosales, este último el dueño del campo. Paulino le solicitó permiso, y las palabras de Rosales fueron “haga nomás..” Y que cuando Rosales lo dispusiera, Paulino se comprometía a desarmarlas.

La construcción inició en 1980, utilizando los descartes de la madera terciada del aserradero de Teveni. Primero construyó una cabaña para uso personal, y luego una más por un año, hasta completar las tres para los turistas. En esas cabañas Paulino prácticamente crió a sus hijos Goyo y Raquel, y fueron una referencia obligada de todos los pescadores que visitaban esa zona tan inaccesible.

Mientras el resto de las bocas célebres de la Patagonia presentan un acceso carretero muy cómodo desde ciudades, no sucedía lo mismo con el Corcovado que obligaba a campamentear en condiciones climáticas duras, por su latitud y elevada altitud sobre el nivel del mar. A las cabañas se agregaba un camping agreste, sobre la margen norte de la boca en unos antiguos corrales, que se llenaba en los momentos más picantes de la temporada. Fue justamente esa lejanía, la que condicionó el espíritu campamentero, colaborador y solidario que hoy reina en la boca.

Campamento bajo la nieve

Las cabañas funcionaron ininterrumpidamente y sin inconvenientes durante 20 años, hasta que en 2000 Rosales vendió el campo a un yanqui. Y le contó a Paulino “la mala noticia que solo lo podía vender sin ocupantes”. Paulino albergaba esperanzas de hablar con el nuevo comprador, pero él mismo con toda su familia, se mataron ese año en una avioneta en Hawai. El campo entró en sucesión y se vendió casi inmediatamente al actual dueño Poncho Moro. No hubo posibilidad de arreglo, y si bien muchos amigos y hasta un ministro le dijeron que por 20 años de ocupación podía quedarse ejerciendo presión, prefirió honrar su palabra y retirarse.

Durante ese período, considerado como los años de oro, la boca del Corcovado fue visitada por pescadores que realizaban sus reservas por teléfono, y muchos de ellos fanatizados repitieron varias temporadas. Paulino recuerda a los dueños de fideos Matarazzo, bizcochos Canale y manzanas Moño Azul. También pasaron varios referentes de la AAPM, como Coco Funes que sacó un barraco de 8 kilos, Mario Capovía y Tito Iglesias, entre otros. Se le suman el histórico guía de Río Gallegos Raúl de Rossi y Pedro Conzi, que luego se transformaron en coequipers de Paulino para el campamento bajo el futuro puente. Mientras Pedro es el cerebro y organizador del campamento, Raúl es el exponente de la pesca fina en el lugar, con sus equipos livianos, ninfas y líneas flotantes de puntas intercambiables.

Gran barraco del Fisher
Gran barraco del Fisher

Otros pescadores y guías referentes que visitaron las cabañas en ese período fueron Alejandro Bianchetti que allí hizo sus primeras armas mosqueras, Beto Cretton, Raúl San Martín, “Berni” Bernengo, Enrique Cleri (dueño del hotel Sol del Sur de Esquel), Diego Guglielmi, Néstor Brizuela, Jorge Oyarse, Germán Finara, Luis Brunt y José Luis Contreras, entre otros…

Campamento bajo el puente

Bastante deprimido por la pérdida de las cabañas, con una vida de recuerdos asociada a ellas, Paulino estudió donde poderse instalar nuevamente. Y fue que se le ocurrió, utilizando el puente como estructura y techo, armar su nueva morada, a la que bautizo el Madrugón II. La misma, que se extiende hasta la actualidad, se arma religiosamente un mes en noviembre, y un mes y medio en marzo y abril, los momentos más calientes del río. Muchas veces visitada por turistas extranjeros que no dudan en fotografiarse con esta comparsa mosquera, considerado única en el mundo.

Truco en el campamento bajo el puente

Con polietilenos, lonas y placas de terciados, se arma una cabaña con todo tipo de comodidades: un tambor con chimenea utilizando como salida uno de los pluviales del puente, cocina a garrafa, entrepiso para dormir, catres, mesas, sillas, motor eléctrico, coolers, estanterías, depósito de verduras y despensa con mosquitero a la vieja usanza. Después de mucho tiempo, “los viejos” sumamente afilados, sorprenden con la organización del campamento, bastante rústico pero concebido para pasarlo lo mejor posible. Las opíparas comilonas y los trucos, son una parte muy importante del asunto, lo mismo que las tareas de limpieza, lavado de platos, cortado de leña, orden y cocina, que se reparten entre todos los presentes. Así, alrededor del campamento bajo el puente, se arraciman carpas y casas rodantes, que en las mejores temporadas superaron los 50 presentes. Llegado el momento se desarma todo, se coloca en un carro, y se lo almacena hasta la próxima armada en la casa de Paulino en Río Pico.

Durante este periodo se han sumado otros pescadores destacados como Gerardo Martinetto que sacó un enorme barraco en el Paniza, el tenista David Nalbandian, Pablo Pessacq, Meche Dal Bianco, Marcelo Acevedo, Leonardo Mareque, Julio López, Walter Ruiz, Jorge González, Martin Weaver, Alexis Oficialdegui, Diego Santos, Esteban Oszust; Emilio Cleri y quién escribe, entre muchos más…

Foto: 
Luis Brunt
Peleando un Barraco en el Pozón de la Gata

La pesca de barracos plateados a final de temporada, se mantuvo de buena manera, con sus lógicos altibajos, hasta el año 2000. De allí en más, con un calentamiento global cada vez más evidente, los cierres han sido muy malos por el bajo nivel de agua, retrasando el ingreso de los barracos, que lo hacen con las lluvias de mayo ya cerrada la temporada.

El año en que se realizó este informe, en abril de 2015, el Corcovado se encontraba en la máxima bajante histórica de los últimos 40 años. Más que un río parecía un arroyo, 50 cm por debajo de la media de la década anterior, y vadeable en cualquier sitio. Si bien el río estaba lleno de mimosas, más difíciles que de costumbre, los barracos recién dieron el presente con un pequeño run durante los últimos 4 días de temporada.

Hoy la cantidad de pescadores que elijen cerran en el Corcovado es hasta 5 o 10 veces menor, que una década atrás. Por amistad y costumbre, más que por la pesca en si misma. Y de persistir el cambio climático, con aguas bajas y cálidas cierre, es probable que el tradicional cierre barraquero se transforme en un fenómeno condenado a la extinción.

El mayor logro de Paulino Arias

Control y cuidado de la zona

Tal vez el efecto indirecto más importante de las cabañas y campamentos fue un incremento del control, en una zona aislada y sin señal de celular. La prolongada presencia de muchos pescadores celosos del lugar, resultó muy disuasivo para furtivos y depredadores. Sobre todo en los meses clave de noviembre y abril, con muchos reproductores de truchas dentro del río.

Basta ver a Paulino y distintos habitués reclamar por presencia de guardapescas, avisar sobre el transito de pescadores sospechosos con bolsas o mochilas, el uso de modalidades prohibidas, controlar los horarios de pesca y denunciar las faltas al reglamento. Cuestiones, que los llevaron a sufrir más de una discusión, disgusto o situación de riesgo personal. Escuchar para creer la imaginación y la obstinación de muchos pescadores antirreglamentarios, verdaderos psicópatas donde el placer del daño o salirse con la suya, es mucho más importante que la trucha que querían matar o comer.

Paulino, junto a Pedro Conzi y Raúl de Rossi

La vida de Paulino es una parábola que se inició como pescador de carnada, y pasando por todas las etapas, se transformó en un pescador con mosca con una alta responsabilidad ecológica. Algo sumamente destacable teniendo en cuenta la generación a la que pertenece, y su origen humilde. Basta ver las calenturas que se agarra cuando presiente o se entera que estuvieron matando truchas, al ver pescadores pescando con anzuelos con rebaba, o cuando tienen a las truchas expuestas al aire en demasía por “la maldita foto”, que no hace más que matar peces por ego.

Preguntando a los viejos habitués sobre los buenos guardapescas que tuvo la zona, recuerdan a Tito Núñez, y por sobre todo Juan Zimic, que por sus modos y temperamento llamaban el “Loco”. Para muchos nunca hubo tanto control como con Zimic, que movido por una verdadera vocación, recorría incansablemente la zona con una moto, y se quedaba en el puesto de la Boca pasando inviernos enteros con el camino bloqueado por la nieve, el momento en que nadie quería estar y más se lo necesita. Existen muchas anécdotas, sobre el coraje que mostraba Juan, incluso ante grupos de furtivos borrachos y/o armados, y como varias veces los mismos pescadores del lugar tuvieron que auxiliarlo, para salvaguardar su integridad física.

Próximos temas, Parte Vde V:

  • Paulino, gustos mosqueros y equipos favoritos.
  • Frases de Paulino.
  • Placa de Germán Finara.
  • Nombre de los pozos del Corcovado Superior.