19/12/2015

La Cuarta Boca: 60 Años de Historia en el Río Corcovado, Parte II

Paulino empezó a pescar de muy chico con tarro y lombriz a la edad de 6 años, junto a amigos de la misma edad como Ramón Lefin o Reinaldo Carrasco, a inicios de la década del 40´. La mayoría de sus correrías transcurrían en el río Pico, frente a lo de Carneglia en la “Estancia los Pinos”. Para ese momento recuerda que prácticamente no había sauces. Todo lo contrario a la actualidad, donde este tramo del Pico está atestado de sauces mimbres que se propagan a través de los gajos que arrancan las crecientes.

Puyen grande del lago Rosario
Puyen grande del lago Rosario

Cuenta Paulino “que las viejas nos daban permiso para pescar, siempre y cuando no nos cayéramos al agua”. El total de los peces capturados, que en algunos casos llegaban a los 6 kilos, era llevado a su casa para comer con sus hermanos. Su madre elegía las mejores piezas para consumir por dos días, y el resto se regalaba a los vecinos que lo agradecían. A esa edad ya nacía la fama de Paulino “El Pescador”.

En ese momento pescaba arco iris chiquitas de 300 a 600 gr., y puyenes grandes (Galaxias platei) que llegaban al kilo. Este al parecer era el único pez autóctono de la cuenca capaz de picar en un anzuelo, ya que carecía de pejerreyes patagónicos, percas y peladillas. Paulino recuerda a los puyenes grandes como un pez tonto, que no peleaba nada. Lo pescaban con un corcho como boya y pedacitos de carne. Chupaba la carnada muy despacito y al hundirse la boya se los clavaba, muchas veces tragados. Su carne grasosa y muy sabrosa, aún más que las truchas, poseía espinas muy finitas que lo hacían difícil de comer.

Barraco en la boca del Corcovado

Aún recuerda cuando aparecieron por primera vez las truchas arco iris en el río Pico, y lo primeros en pescarlas fueron una comparsa de esquiladores que acampaban en la estancia “Los Pinos”. Paulino cree que estos salmónidos vinieron del país trasandino subiendo el río Figueroa, ya que para ese tiempo no recuerda siembras del lado argentino. Algo que sucedió en muchos río chubutenses y santacruceños de cuenca pacífica. Como se trataba de truchas arco chicas y plateadas, los pobladores de río Pico decían que “habían llegado los pejerreyes”. Luego esas arco iris colonizaron los lagos sin que prácticamente nadie se de cuenta, y cuando las capturaron por primera vez en el Nº 3, picaron ejemplares tan inesperados como enormes.

Los equipos que usaba por ese tiempo eran de tres tipos. Uno consistía en una especie de mojarrera armada con una vara de sauce recta de aproximadamente 3 m de largo, con un clavito como hookepper. Las otras, líneas de fondo que se ataban en un palito a la costa, y el consabido tarrito con un corcho como boya. En todos los casos se empleaba hilo de albañil como tanza.

Primeras excursiones al Corcovado/Vintter

Camioneta encajada camino a Corcovado

La primera visita de Paulino a su río Corcovado tan querido fue en 1949, cuando tenía unos doce años. Para ese momento estaba muy influenciado por Narciso Arias, hermano de su mamá, al que recuerda como un pescador imaginativo y con una gran capacidad manual. Para ese momento pescaban con cucharas ondulantes caseras que fabricaban a partir de cucharas de postre o té, a las que les cortaban el mango con una sierra. Luego las agujereaban con un clavo y un martillo, por el que pasaban una anilla abierta o argolla. Paulino recuerda como su habilidoso tío Narciso construía el mismo sus esmerillones, con alambre y los casquillos vacíos de las balas 22. Y que giraban a la perfección, evitando que el hilo se retorciera, el principal problema al pescar con tarro.

En ese tiempo partían de Río Pico a caballo, con un matungo pilchero para los petates, en una larga vuelta que les llevaba al menos una semana. Se salía a “huevear” según palabras de Paulino, a pescar y comer pescado, con escasas vituallas como tortas fritas, sal, aceite y sartén. Su tío llevaba vino, pero a él solo lo dejaba tomar agua.

Su primera parada eran los desagües del Lago de los Niños, cerca del campo de Aleman, poblado por infinidad de fontinalis que rara vez superaban los 30 cm. Las sacaban con mojarreros de sauce, e iban directo a la sartén dando lugar a fritangas de antología.

Paulino con Idrig Williams en spinning

Luego cruzaban hasta el río Corcovado superior, a la altura del pozón del Llao-Llao donde pescaban fontinalis, único pez existente. Los tamaños eran mayores a los actuales, con portes promedio de 2,5 a 3 kilos, el equivalente a las más grandes que se ven hoy en día. Aún en esos tiempos Paulino, no recuerda haber visto fontinalis de más de 4 kilos.

Las pescaban con cucharas ondulantes casera y el famoso “reel Inca”, porque estaba hecho con una lata de duraznos de la misma marca. Paulino recuerda que tenía uno muy pituco con mango de madera torneada, que construyó el mismo, y uso hasta el hartazgo hasta que lo perdió. Como solución de compromiso se vio obligado a usar como reel una botella vacía de vino, y descubrió como la cuchara viajaba mucho más lejos por el mínimo rozamiento que generaba el vidrio contra el hilo. Paulino remarca que no eran excursiones para acopiar pescado, se comía lo que se pescaba y a lo sumo se traían un par de buenas truchas para preparar en el pueblo al regreso.

De esos viajes Paulino recuerda las primeras menciones de truchas arco iris (o barracos) en el Corcovado superior, aguas arriba de los rápidos de la Elena en la década del 60´. Las mismas se debieron incluso antes de pescarlos, por un avistaje del esquelence Reggie Hammond que solía bucear el profundo pozón del Llao-Llao para ver sus enormes fontinalis. En una de esas incursiones mencionó “una familia” de enormes peces plateados, ubicados en el pool conocido como La Curva (aguas abajo del Joaquín).

Antiguos barracos del Melenudo y La Gata

Paulino tampoco recuerda siembras oficiales en este sector del río, y él cree que se debió da una colonización desde aguas abajo durante alguna creciente excepcional, donde algún chorrillo o desprendimiento circunstancial de agua por el campo permitió el ascenso, evitando los insalvables rápidos de La Elena (llamados el “Cementerio de los Monstruos”). A partir de ese momento se los empezó a ver en números crecientes, y colonizaron por completo el sistema del lago Vintter.

Décadas del 50´al 80´: etapa spinning

Este período de Paulino da inicio en 1953 a la edad de 16 años, cuando trabajando en el campo logró ahorrar el dinero necesario para comprar una caña y un reel. La experiencia, el paso de los años y nuevas adquisiciones, decantaron en un equipamiento muy evolucionado para la época. El mismo era encargado por el mismo a Esquel o Buenos Aires, y recuerda a la década del 70´ cuando se volvió más hábil en la modalidad.

Paulino con Idrig Williams

Para las grandes piezas del Vintter/Corcovado usaba cañas de fibra de vidrio de dos tramos con enchufe metálico de 2,1 metros (Budak, Abu y Conolon). Sus reeles favoritos eran los clásicos Dam Quick Finessa, que tenía en sus 3 modelos: 220, 330 y 440. Su preferido era 440, el más grande de todos, al que recuerda como ideal para pescar en la boca y el lago.

Desde esa época Paulino es fiel al nylon Tortuga Nacrita, que en esta modalidad usaba en medidas entre 0,30 y 0,35 mm. Sus cucharas preferidas eran de gran tamaño de 25 a 30 gr., plateadas para imitar los peces forrajeros del lugar. Prefería los modelos Coster, Criollas y Toby, esta última exclusivamente de ABU y no de DEL, que a su juicio no eran tan buenas. Buscando fontinalis en el río Corcovado su modelo favorito era el spinner DEL Pep´s Nº 2, blanca con pintitas negras, que antiguamente venían en un blister de cartón.

Esa etapa de spinning coincide con larguísimas caminatas, en la que con largos lances se cubría mucha agua. Era común que recorriera a pie las primeras tres bahías del Vintter, ida y vuelta hasta el arroyo Portezuelo. Tratándose de un lago muy oligotrófico, con pocos peces pero de buen tamaño, los mejores resultados se daban a principios de temporada, con las truchas arcoiris aún recuperándose del desove. Lo opuesto a final de temporada, donde el Vintter fue tradicionalmente muy poco pagador.

Multitudinarios campamento en la boca del Corcovado

Muy pillo, Paulino marcaba los mejores sitios de pesca del lago con huesos o trapos colgados en las ramas, que solo él podía interpretar.

De esa época recuerda que “el mejor pescador era el que más mataba”. Los fines de semana de marzo y abril, la gente colmaba las costas del Corcovado de la boca al puente viejo, todo lleno de carpas al punto que "parecía un pueblo". Recuerda con tristeza como las arco iris y fontinalis coloreaban el paisaje, colgadas en ramas o alambrados.

Se pescaba con todo: cuchara, lombriz, sapo, épocas en que el reglamento permitía matar entre 4 y 6 truchas por día por pescador, y muchos sobrepasaban esa cuota. Para ese momento las personas del cuerpo de Pesca Continental de la provincia de Chubut, realizaron varias consultas con los pescadores de los poblados de Pico y Corcovado.

Era necesario empezar a conservar un recurso amenazado por la sobrepesca. La idea era disminuir el acopio, y realizar una transición que lleve a un estado final de pesca y devolución. Paulino, generador de esta idea, desde 1978 a 1983 ejerció como guardapesca ad-honorem de la provincia, junto a otras celebres personalidades como Idrig Williams, Aldo González y el viejo Laurin.

Próximos temas, Parte III de V:

  • Visita de Joe Brooks y récord mundial de fontinalis.
  • Primeros refugios de pescadores.
  • Inicio de la etapa con mosca: década del 80´ a la actualidad.