14/12/2015

La Cuarta Boca: 60 Años de Historia en el Río Corcovado, Parte I

En Patagonia las “Bocas” son templos sagrados de la pesca con mosca; un vigoroso fenómeno cultural, con truchas de quimera y pescadores de leyenda. Cada una posee su casta de habitúes y referentes, que rara vez se mezclan, e históricamente hasta llegaron a rivalizar entre sí. Además, como cereza de la torta, se encuentran íntimamente ligadas a la historia o la idiosincrasia pesquera de su poblado más cercano.

Reunión cumbre
Reunión cumbre

Las Bocas son interfases río/lago de límites arbitrarios, acotadas y muy técnicas, donde solo pescan una minoría, y el resto está condenado a colar agua, mirar o aprender en el mejor de los casos. Una minoría que se ganó ese privilegio con muchísimo esfuerzo, e invirtiendo años enteros para conocer cada corriente o piedra del lugar. No por dinero, porque todas las bocas de renombre, para bien o para mal, son de completo acceso público.

Tradicionalmente cuando se habla de las grandes Bocas de la Patagonia se consideran a tres: las de los ríos Chimehuin, Limay y Correntoso (aunque en realidad, esta última es una desembocadura). La del Chimehuin es parte esencial de la historia de Junín de los Andes, y del génesis de la pesca con mosca en Argentina, con referentes como el Bebe Anchorena, Donovan, Radziwill y Eliseo, e ilustres visitantes como Joe Brooks, Billy Pate y Ernest Schwiebert. Cuando hablamos del Correntoso, surgen las mejores arco iris plateadas del norte patagónico, Villa la Angostura, el histórico hotel Correntoso, y pescadores como el Conde de Chateubriand, Héctor Leoni (creador de la Leonis Barbarus) y su fiel escudero Coco Lombardini. La boca del Limay, tan intimidadora como difícil, nos retrotrae a Bariloche, sus marrones antediluvianas y a los Baruzzi (padre e hijo) como referentes indiscutidos.

Viejas cabaña de Paulino Arias

Sin embargo siempre consideré a este análisis como errado, ya que si hablamos de grandes bocas el podio no es de tres sino cuatro. Con una cuarta boca llamada Corcovado, que por coyunturas muy particulares, poseía una historia prácticamente desconocida.

¿Por qué muy particular? Por muchas cosas que pasaremos a enumerar,…Mientras las demás bocas son “comodísimas” porque cuentan con centros turísticos muy cercanos, la del Corcovado (y su área de influencia) es en extremo agreste, dura, y se encuentra aislada de cualquier circuito tradicional. Allí la vida rústica o el campamento son una constante, y una parte indivisible de su carácter, con acólitos que se instalan por largas semanas de corrido, sin contacto con la civilización o señal de celular. Esta lejanía y falta de comodidades, hace que se haya escrito o difundido muy poco sobre ella, con una afluencia periodística sumamente acotada.

Otra particularidad, además de sus poderosas truchas arco iris, es que recibe corridas reproductivas de fontinalis de tamaño excepcional. Renombrados pescadores extranjeros afirmaron que solo existe un puñado de ríos en el mundo capaces de entregar fontinalis de este tamaño, en su mayoría ubicados en la Península de Labrador al este de Canadá.

Paulino Arias, foto actual en su refugio

Por último ninguna Boca, se encuentra tan íntimamente ligada a la historia de un hombre: Paulino Arias una leyenda viviente de la pesca en la zona, que hasta tuvo el honor de bautizar buena parte de sus pozos y renombrar sus peces. ¡Hablar de la boca del Corcovado es sinónimo de Paulino, y viceversa!

Génesis de una crónica histórica

Todo empezó en marzo de 2014 con una inesperada llamada nocturna a casa un día de semana,.. atendió mi mujer con su clásico “es para vos, un número largo de la Patagonia”, y del otro lado sonó la voz de Luis Brunt, fanático pescador y reconocido guía de la zona de río Pico. La síntesis de su llamado fue la siguiente “Diego te invito a que hagas el cierre conmigo en el Corcovado, tomate el avión que yo te voy a buscar. Quiero que conozcas a Paulino, que lo entrevistes, cosa que no va a ser nada fácil. El lugar tiene una historia muy grande que nunca fue contada. Los que la vivieron son gente grande, y sería una perdida irreparable que desaparecieran con ella”. Por obligaciones adquiridas, me resultaba imposible cerrar ese año en el Corcovado, pero le prometí que lo haríamos sin falta en el 2015. Y terminó la conversación, con un Luis completamente descreído de mi promesa…

Paulino Arias, con Pedro Conzi y Raúl de Rossi

Pero la promesa se cumplió, y a pesar de serios problemas familiares, llegué Trevelin justo con la erupción del volcán Calbuco, que salvo unos ligeros temblores y un poco de ceniza un día de viento norte, no molestó en absoluto. En total fueron 9 días de paisajes alucinantes, campamento, intemperie, pesca, amistad, guisos, asados, mateadas y feroces partidas de truco. De una experiencia de vida que recordaré por siempre, así como ardua investigación periodística, que llevó semanas procesar y cotejar. Viviendo las cosas bien desde adentro, para capturar y reflejar la verdadera esencia de este sitio tan particular.

Cualquiera que conozca a Paulino sabe que difícil es que se abra a desconocidos, y mucho más que desnude cosas íntimas en una larga sucesión de entrevistas. Luis tan perfeccionista como temeroso temía la funesta combinación química “entre un porteño periodista y un paisano pescador”, en situaciones de convivencia sumamente particulares. Nada más lejos de la realidad, después de 3 días de estudiarme, Paulino empezó a entregar desinteresadamente sus conocimientos, los cuales ilustran estas páginas.

Salvo las referencias a Joe Brooks, que desconocía, todo lo escrito es información suya, respaldada por los pescadores presentes. Mi único aporte fue escribirlo, compilarlo y formular las preguntas correctas. Y por sobre todo que Paulino entendiera que se trataba de un homenaje y legado de su persona, y a este río que tanto ama.

Barraco de 7,900 kg del río Corcovado

Barracos y Mimosas

Ningún habitué del alto Corcovado llama arco iris a las truchas arco iris, y fontinalis a las truchas fontinalis. Las arco iris (sobre todo las de fenotipo plateado) son barracos, y las fontinalis mimosas; ambos dos, motes salidos de la imaginación de Paulino.

El término barraco, un modismo gauchesco que refiere a los jabalíes o cerdos salvajes, hace alusión a la bravura y la agresividad de estos peces. Como reaccionan al clavarse, como se encabritan, como pueden romper un tippet en su primera y brutal corrida. El sistema Corcovado/Vintter tiene unas arco iris fantásticas, de una genética impoluta sin resabios domésticos, verdaderos steelheads de agua dulce. En la actualidad el grueso de los peces oscilan entre 2 y 4 kg., un tamaño excelente para un río bastante pequeño. Históricamente se han capturado en el río peces de 6 a 8 kg., pesando 9 kg el más grande que vieron Goyo y Paulino (pescado con cuchara). En el lago, en trolling se habla de ejemplares de hasta 10 o 12 kg.

Campamento Paulino bajo el puente del Corcovado

La razón de su ingreso a final de temporada enciende acalorados debates. Mientras algunos pescadores (como José Luis Contreras) opinan que se trata del inicio del run reproductivo, otros (como Luis Brunt) opinan que es una migración alimentaria a los primeros pozos del río, que en ese momento del año están repletos de pequeños juveniles de fontinalis y arco iris.

El bautismo de mimosas, surge de un amigo de Paulino, un día en que ambos vieron como unos pescadores tenían varias fontinalis colgadas en un alambrado. Ante las tristeza de Paulino, su amigo verdugueándolo un poco le dijo “ahi tenés a tus mimosas, esas que le das besos y tanto cuidas, mira como te las matan”. Y el mote quedo para siempre, algo que sin duda tiene correlación con su lucha más delicada, su belleza y la vestimenta reproductiva que muestra a final de temporada. El Corcovado es un caso único en cuanto al tamaño y la densidad de fontinalis a final de temporada, fenómeno que recorre varias veces a esta recopilación histórica.

El viejo Paulino, leyenda del Corcovado

Mimosa Paulino Arias

Paulino Arias nació en el año 1937, y al momento de este informe (2015) tiene 77 años de edad. Vino al mundo en un campamento que su abuelo poseía en Lago Nº 1 en la zona de Río Pico. Esta vida de campamentos que lo signó de por vida, fue el marco de su crianza durante sus primeros años de vida. Luego su familia se radicó en el aislado pueblo de río Pico, que por ese momento apenas superaba los 100 habitantes. Paulino se considera un piquense de siempre, que disfruta de la naturaleza rústica y no gustó en absoluto de la llegada del asfalto al pueblo, hace unos pocos años. Dice “para que, si así estábamos tranquilos y bien”, refiriéndose al anterior camino de tierra, con tramos por momentos espantosos. Otra particularidad de Paulino es que nunca aprendió a manejar o tuvo auto, dependiendo para moverse de amigos pescadores o su hijo Goyo Arias.

Fue el mayor de 14 hermanos, y porta el apellido de su madre. Como bien el dice “en ese tiempo no había televisión, y los viejos se divertían de otras maneras. Se paría en el medio del campo, en los campamentos, sin tantos controles como la mujeres de hoy”. A su fama de pescador, Paulino agrega su magnetismo seductor con las mujeres del lugar “mi mamá era primeriza, y sus amigas que no tenían hijos, me tenían todo el día en brazos. Era un bebe muy mimoso, y de grande seguí mimoso…”.

Paulino con Idrig Williams en spinning

Basta verlo en fotos viejas con unas fachas dignas de Eli Wallach, interpretando a Tuco, en el spaghetti western de “El Bueno, el Malo y el Feo”.

Próximos temas, Parte II de V:

  • Décadas del 40´ y 50´: etapa de pesca con carnada.
  • Primeras excursiones al Corcovado/Vintter.
  • Décadas del 50´al 80´: etapa de pesca con spinning.

Agradecemos especialmente a Goyo Arias (hijo de Paulino) por ablandármelo un poco al viejo y permitirme digitalizar más de 40 años de historia en fotos. También a Berni; Ricky, Emilio Cleri, José Luis Contreras y su hijo Simón, por la ayuda brindada en el campamento.